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Viernes, 15 Abril 2016 19:42

El celo de tu casa me devora

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Cumplimos[1] 13 años de Ordenación[2] gracias a Dios y a Su Madre. Gracias a tantas almas buenas que desde sus lugares rezan, trabajan y ofrecen a Dios obras dignas que nos obtienen, por Su Misericordia, la gracia siempre inmerecida de la perseverancia.

Quiero referirme a lo que indico en el título "El celo de Tu Casa, Señor, me devora" (Sal 69, 10; Jn 2, 17). Bien entendido, en su sentido más preciso, el celo es un aspecto del verdadero amor, el celo busca el bien del amado y esto con tanta fuerza que devora el espíritu, enardece los afectos, consume el cuerpo.

El celo por la Casa de Dios, es el ansia de que esa Casa, lugar del Banquete eterno, donde habita el mismo Dios, esté lleno. Celo que mueve a querer, eficazmente, la salvación de todos.

En esto ocupamos nuestros días, en buscar almas para Él. En esto se nos va la vida, en tratar de cumplir Su Voluntad, pidiéndole noche y día que se salven todos. Esto no va contra el dogma católico. Sabemos que hay almas en el infierno y que, desdichadas, nunca podrán salir de allí, por libre elección de ellas mismas. Elección libre, eterna e invariable. Pero eso no obsta que, de ahora en adelante, nadie más caiga en el infierno. Es difícil, sí. Más aun, imposible para el ser humano. "Nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate". Es imposible para el hombre sin la ayuda eficaz de la gracia de Dios, pero no es imposible para Dios. Porque mientras hay tiempo, hay Esperanza y esta Esperanza nos exige esperar Dios de Dios. Es decir, esperar llegar al Cielo con el auxilio mismo de Dios y eso mismo esperamos para las almas que aun viven sobre esta Tierra: que lleguen a Dios con la ayuda de Dios.

 

¡Señor sálvanos que perecemos!, ¡Jesús, María os amo salvad las almas! Ese es un sentimiento que va consumiendo, como poníamos más arriba, nuestras fuerzas espirituales, nuestros sanos afectos, nuestros sanos cuerpos: trabajar por la salvación de todos.

Y esto consume más cuanto más pasa el tiempo, cuanto más uno experimenta la propia indignidad (que nos haría estar, de no haberlo impedido Dios, en vías de perdición). Consume más cuando uno ve que nada puede hacerse por la salvación del otro, o, al menos, eso parece. Sí, mejor expresarlo así, es más correcto. Cuando parece que uno no hace nada y no puede hacer nada por la salvación del otro. Por ejemplo: cuando uno ve la impotencia ante el mal… ¿qué hacer? ¿Qué hago? Sólo contra todo un mundo de contradicciones… Si tuviera el celo del profeta Elías para purificar la Casa de Dios... Pero, y ¿acaso no lo tienes? ¿No lo tenemos? Es más aun, estamos en mejor situación que Elías, profeta, porque desde que el Verbo se encarnó… el hombre ya no está sólo como lo estabas San Elías, y si esto vale para todo verdadero creyente, cuanto más vale para el sacerdote: cristificado, alter Christus! Como leía de chico en una de las paredes de la Parroquia de Nuestra Señora de la Salud, que construyó el venerado padre Julio Meinvielle: "Cristo y yo, mayoría aplastante". Pues bien, entonces ese pensamiento, esa convicción, ¿lo arregla todo? Todo no, casi todo. Primero porque aunque sea cada uno de nosotros mayoría aplastante eso no nos priva ni nos privará de sentirnos aplastados… y de serlo! El mismo padre Julio fue un ejemplo de ello: ¡cuánto bien hecho por las almas! ¡Cuántos jóvenes -algunos de mi familia- fueron salvados doctrinal y moralmente por su ministerio sacerdotal! ¡Cuántos seminaristas e intelectuales del mundo fueron liberados del error por sus escritos! ¡Cuántas almas cristianas, judías, de toda creencia, fueron ayudadas por su Caridad exquisita! Pero eso, todo eso, lo tuvo que pagar con el ser aplastado. ¿Quién se preocupó de él? ¿Quién en vida lo honró como merecía? ¿Quién estuvo a su lado -salvo unos pocos- cuando lo persiguieron? ¿Quién? ¿Nadie? ¿Estuvo sólo? ¡No! ¡Estuvo Cristo!... y lo estuvo siempre.

Así debe ser nuestra convicción, ¡Sí señores! No estamos solos, no estoy solo. Cristo está conmigo y conmigo batalla, y conmigo y por mí -aunque suene a osadía y al menos a irreverencia- por mí vencerá. Porque no soy yo, yo he dejado de vivir… he sido sepultado con Él en el Bautismo, he sido cristificado el día de la Ordenación Sacerdotal… está conmigo, en mí actúa, por mí actúa, en mí ha vencido y conmigo y por mí vence al mundo… es decir, salva almas.

Por eso que el Celo por la salvación de las almas no debe disminuirse ante las dificultades. Ante los fracasos aparentes o reales, ante los tropiezos, las caídas, los porrazos… ante nada. ¡Él está conmigo!

No estoy solo en Papua Nueva Guinea, ni en Pakistán[3], ni en Tayikistán, ni en Kazajstán, ni muchísimo menos en Sudán… en donde todo parece perdido… donde una guerra injusta e incomprensible sigue devastando el país por años y años. ¡No señor!, no estoy solo en Kenia, ni en los lugares en donde mi 'comunidad' está reducida a la mínima expresión (entiéndase… siendo uno), es así que no estoy solo en Irak, ni en Siria, ni en Gaza, ni en Túnez, pero tampoco lo estoy en países y regiones de mayoría no cristiana: no estoy sólo en Palestina e Israel, ni en el desierto de Jordania, ni en Egipto, ni en Taiwán… Pero tampoco lo estoy en las estepas de Rusia, regadas durante decenios por ríos de sangre cristiana. Pero ni siquiera lo estoy en aquellos lugares en donde parece que estoy acompañado por una multitud de creyentes en Cristo… no estoy sólo en Ucrania… ni en Lituania, en donde florece el hermoso vergel de cruces. No lo estoy en los fatigosos apostolados de Albania, ni en la dura sociedad de Holanda.

¡No señor! Cristo y yo estamos juntos por la salvación de las almas, y juntos somos mayoría aplastante. No estoy sólo en Italia, con todas sus riquezas espirituales y culturales y con sus grandes miserias, su relativismo y conformismo, así como no lo estoy en Francia, España, Grecia e Irlanda. Solo no estoy en Islandia, ni en Groenlandia… aunque parecería que ni siquiera el diablo quisiera estar en esos lugares… sin embargo, esos son los lugares de la Gloria de Cristo… son literalmente "los confines de la tierra"… son parte de las profecías antiguas "las islas remotas verán la salvación del Señor".

Cristo y yo mayoría aplastante, ¡El Celo por Tu Casa, Señor, me devora porque deseo la salvación de todos! Deseo, quiero, es mi determinación deliberada, que se salven todos los habitantes de América del Norte, del Centro y del Sur… y por eso es que en las misiones difíciles de Canadá y en las más difíciles de Estados Unidos -lugares de post-cristianismo-, el pensar que estoy contigo me consuela y me da fuerzas.

Cada día me lo debo repetir ante la enorme labor de salvar almas, que no estoy solo en Guyana y en Ecuador, en Perú y en Brasil. Miles de almas para ayudar a salvar en Bolivia y Chile. ¿Cómo hacer? No combatimos, no combato sólo. Cristo anuncia, Cristo bendice, Cristo atrae, da, convierte, llama, consagra, sana, salva… Cristo conmigo y en mí, y por mí… Él me enardece.

Finalmente sólo no puedo sentirme, porque no es así, en Argentina. Es verdad que el mal parece difundido, anquilosado en todos los estratos sociales… incluso en muchos miembros de nuestra Santa Madre. Pero no es así, no todo está perdido, y en tiempos de gran confusión e ignorancia, la Misericordia del Señor se muestra más condescendiente… y esto, porque, paradojalmente, es sumamente justo… y a todos da un tiempo de gracia, de conversión… Hay un montón de almas fieles que quieren salvarse y salvar.

Queridos hermanos en el Verbo Encarnado, que el Señor aumente nuestro Celo por Su Casa, por Su Gloria, por la salvación de las almas. Que no nos impacientemos por aquello que no podamos hacer o por lo que no nos dejan hacer. Si no lo podemos hacer, no lo podemos hacer, el Señor, Justo Juez, no nos pedirá cuenta de ello.

¿Qué pueden hacer los nuestros en Filipinas ante una necesidad tan acuciante? Su accionar parecería una gota de agua para apagar un incendio… y quizás así lo sea, pero la Obra es de Dios. ¿Qué pueden hacer los nuestros en China? Humanamente hablando poco y nada… pero lo nuestro no es hablar, y pensar, humanamente. Lo nuestro es divino, es el oficio de Dios en la Tierra, es reproducir en nuestras vidas la vida terrena del Encarnado que quiso pasar cerca del 90% de sus días en labores simples, en labores domésticas… y sin embargo, así salvaría el mundo de su eterna condenación. Es verdad que cuando debió hablar, habló, predicó y lo crucificaron, pero mientras tanto quiso preparar su sacrificio con una infinidad de actos ínfimos… sin importancia… vivir una vida escondida… ser alumno, aprendiz de carpintero… ayudar en los oficios de la casa… sembrar, cosechar… cantar… jugar… dialogar, visitar enfermos, recibir visitantes… días monótonos… sin sentido aparente… y, sin embargo, así salvaba almas. Buen ejemplo para nosotros misioneros del Verbo Encarnado. Así se salvan almas, así se prepara uno para la inmolación sacrificial sobre la Cruz. Inmolación que se llevará a cabo un día: no necesariamente a través de la gracia envidiable del martirio, sino con la clase de Calvario que en Su eternidad Dios nos tenga dispuesta: un accidente, una larga enfermedad, una larguísima ancianidad… una persecución… una calumnia, una prisión… lo que sea… estará bien. Será por Él y por las almas.

¡Viva la Santa Misión! "El celo de Tu Casa me devora". Que esa sea la expresión no de un fervor sensible que poco o nada puede ayudar, que sea en cambio expresión de ese fervor de la voluntad que manifiesta la firme decisión de querer inmolarse con Cristo, en el alma, en los afectos, en el cuerpo, por la salvación de las almas.

Beit Jala, Tierra Santa, 2009

Gabriel E. Romanelli Sivori, IVE

 

[1] Vuelvo a proponer un texto que escribí, y que quizá varios de ustedes ya conocen, para la Novena en honor de los santos Pedro y Pablo, aniversario de mi Ordenación Sacerdotal, del año 2009.

[2] Este año 2016, celebro mis primeros 20 años de Sacerdocio, Deo gratias!

[3]  Cuando escribí este texto teníamos misión allí, así como en otros lugares que aparecen en estos parágrafos. En estos últimos años, del mismo modo, hay otras misiones que en este escrito no aparecen. Me pareció, así y todo, de no tocar el texto actualizando los datos.

Visto 1449 veces Modificado por última vez en Jueves, 30 Junio 2016 13:29
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1 comentario

  • Enlace al Comentario Juan Torres Martes, 14 Junio 2016 20:44 publicado por Juan Torres

    ¡Cuánto gusto dar el ver a religiosos tan enamorados de su congregación!

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