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El ejemplo de seriedad de Marcello Morsella

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“Porque queremos formar almas que maduren para el cielo” (1)

En varias ocasiones hemos evocado la persona de  Marcelo, pero especialmente hoy me parece más que oportuno, pues en el día que comenzamos formalmente el año lectivo él se nos presenta como un modelo acabado a seguir en nuestra formación integral, que no es otra cosa que la unión con Dios.

En el día que los restos mortales de este “capitán triunfante” descansaron en el suelo de la “La Finca” el P. Buela pronunció unas bellísimas palabras, que concluyó con una poseía dedicada a este primer hijo espiritual que nació para el cielo. Con el corazón en la mano, declamó:

«“Marcelito, ¡querido!;

¡mi dulce y querido y valiente, Marcelo!,

olor a tierra mojada,

perfume de azahares en espera,

trino alegre de juguetones pájaros,

acequia cargada de agua,

cosecha a punto,

trabajo bien hecho,

rosal en flor» (2).

Sin dudas que Marcelo -en palabras del propio P. Buela- fue “(Marcelito), ¡hijo de mi alma!” (3) de ahí que debamos buscar de imitarlo si queremos formarnos como auténticos hijos del Verbo Encarnado (IVE).

Sabemos que un signo de madurez es la responsabilidad, es decir “dar respuesta” de nuestros propios actos, nuestras responsabilidades, nuestro estado etc.  Marcelo en esto fue ejemplar, tal vez por eso su biógrafo también un día de Lectio brevis del 2016 decía «Marcelo fue, sobre todo, responsable. Responsable en sus relaciones familiares, en sus amistades, en su trabajo, en su estudio, en su apostolado, en su trabajo interior de la voluntad. Buscó hacer todo bien, porque ese es el único modo en que las cosas deben hacerse si se hacen por Dios» (4).

Cuando tuvo que retrasar un año su ingreso al seminario por razones familiares, pues debía trabajar para ayudar a sus padres, Marcelo hizo lo posible por vivir ese tiempo como si ya fuese seminarista con grandes deseos de ingresar, incluso empezando a estudiar por su cuenta algunas cosas, quizá para ir ganando tiempo o para que esto lo ayudara a ser fiel a la palabra empeñada a Dios. Escribía en ese tiempo: “También estoy estudiando un poquito de latín, que también es muy interesante” (5). He aquí alguien que no perdía el tiempo.

Destaca el P. Fuentes «Marcelo encaraba lo que hacía con un gran sentido de la responsabilidad. Como escribe en una notita de 1983: “la vida es un continuo tomar y dejar, partir y llegar. Y así será hasta la última Partida. Es fácil decir me voy, pero hay que hacerlo. Solamente pido a Dios, por medio de mi Madre, que me dé la fortaleza para hacer lo que tengo que hacer, aunque mucho me cueste” (6). Ojalá todos entendamos que hay que hacer lo que debemos hacer. Y punto».

Decíamos que Marcelo era responsable en todo por eso tomaba muy en serio su formación. Por ejemplo, consideraba el estudio algo fundamental para prepararse al sacerdocio. Y se refiere a algunas conferencias a las que pudo asistir en el primer año de seminario como “una gracia más que Dios nos hace” (7).

Sin embargo, tenía plena conciencia de que el estudio, siendo un aspecto fundamental de la formación, no era lo más importante; por encima estaba el trabajo de la gracia y la transformación de la voluntad para aspirar a la unión con Dios. Le escribía a su papá en 1984: “Aclaro que no es lo más importante el estudio, porque evidentemente se puede saber mucho y no ser bueno. Primero está la caridad, la fe, la esperanza” (8).

A uno de sus amigos le escribe a mediados de su primer año de seminario: “Yo sigo muy contento y constatando que el tiempo vuela, se te va de las manos. Pienso a veces, en lo que es el sacerdocio y me doy cuenta de que es algo tan grande que sobrepasa todo lo que uno pueda imaginar o la idea que uno pueda tener. Pero hay que confiar en Dios, uno no merece ni es digno pero es la voluntad de Dios. Te digo [esto] porque muchas veces me veo con defectos, pero los Apóstoles también los tenían: eran hombres y esto de los Apóstoles es un gran consuelo porque esos hombres rústicos y pecadores fueron después los más grandes santos que dieron la vida por Jesucristo. La santidad es trabajo de toda una vida…” (9).

 

 

 

 

 

 

 

1 Capitulo a las novicias SSVM dado en noviembre del 2016, San Pablo Brasil.

2 FUENTES, M. A., Soy capitán triunfante de mi estrella, (San Rafale-2011 A 25 años del fallecimiento de Marcelo

Edición corregida y aumentada) p. 137.

3 P. Buela citado en FUENTES, M. A., Soy capitán triunfante de mi estrella, (San Rafale-2011 A 25 años del fallecimiento de Marcelo Edición corregida y aumentada) p. 8.

4 FUENTES, M. Á., La madurez afectiva y espiritual de Marcelo Morsella -Lectio brevis- Seminario “María, Madre del Verbo Encarnado”, marzo de 2016.

5 A su papá, Buenos Aires, 24 de junio de 1983.

6 MORSELLA MARCELO, Soliloquio (manuscrito), 1983.

7 A Carlos, San Rafael, 6 de setiembre de 1984.

8 A su papá, San Rafael, 17 de abril de 1984.

9 A Bert, San Rafael, 27 de agosto de 1984

 

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