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Imposición de sotana

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Hagamos de cuenta que en este momento entra una persona a la iglesia y que, si bien es católica, nunca ha participado de una imposición de sotana. Imaginémonos qué cosa se preguntaría y tratemos de respondérsela.

  • ¿Qué es un hábito?

Dice el Diccionario de la Real Academia Española: Vestido o traje que cada persona usa según su estado, ministerio o nación, y especialmente el que usan los religiosos y religiosas.

Es decir, algo que indica exteriormente una vocación y por ende a qué se dedica la persona (militar, policía, doctor, etc.) En este caso muestra que quien la lleva ha comenzado el camino de consagración y puntualmente en nuestra familia religiosa del Verbo Encarnado (cada congregación tiene su propio hábito).

  • ¿Por qué se hace esto?

Porque lo manda la Iglesia: Nos dice el Código de Derecho Canónico: “Los religiosos deben llevar el hábito de su instituto, hecho de acuerdo con la norma del derecho propio, como signo de su consagración y testimonio de pobreza” (CIC 669 § 1)

Y en fidelidad a la Iglesia, también lo prescriben las Constituciones del Instituto al que pertenece.

Y porque es un signo externo de la obligación que ha contraído con los votos religiosos, como lo enseña santo Tomás (Suma Teológica, IIª-IIae, q. 186 a. 7 ad 2)

De ahí que el religioso lleve consigo una gran responsabilidad y esta consiste es el hecho de tener que dar ejemplo, esté donde esté, porque por eso se viste de otro modo… para mostrar que a los demás que vive para Dios y para ese mismo prójimo que lo está observando. Y como toda responsabilidad es un peso, lamentablemente hay religiosos (Dios nos libre y nos guarde!) que prefieran pasar desapercibidos y dejan de llevar su hábito.

“Gran responsabilidad” pero también algo hermosísimo porque, como decía San Francisco de Asís, el religioso vestido con su santo hábito ya predica el evangelio[1].

  • ¿Por qué negro?

La Iglesia ha elegido ese color… es signo de muerte al mundo y sus vanidades…

Escribe el beato Ceferino Namuncurá desde Itlia

Turín, Noviembre 15 de 1904.

Revmo. Padre Juan Beraldi

Amadísimo Padre: 

….Padre Juan, rece mucho al buen Jesús y a María Aux. en un modo especial en la Santa Misa para que me ayuden en mis estudios y pueda poner pronto la sotana: vestirme de una vez para siempre de luto; creo que ya es tiempo. Confío en sus fervorosas plegarias y yo haré otro tanto por V. R..

Cuando el P. Gabriel Zapata era superior del Seminario Menor, una vez llegó un chico de Buenos Aires, y andaba medio a la deriva; él lo recibió. El pibe se veía muy curioso por el tema de la sotana. Luego los seminaristas menores hicieron muy buen apostolado con él. Mientras estaba con el P. Gabriel le hizo muchas preguntas del Seminario Menor; y en un momento, luego de un silencio sugestivo le dijo: ‘no se extrañe si dentro de un tiempo me ve por acá’ (silencio) ‘sabe qué?, el negro me copa’.

  • - ¿Cuánto hace que entró al Noviciado el que recibe la sotana …?
  • Hace poco, un par de meses.
  • ¿Y no es muy pronto?

Ya santo Tomás[2] hablaba de que el hábito se podía imponer en la profesión religiosa o incluso antes, en el Noviciado. Además dice que la recepción del hábito es como una cierta profesión religiosa, para la cual no  hace falta la probación (terminar el Noviciado) siempre que se den las circunstancias debidas (que lo imponga quien tenga la autoridad de hacerlo y ante la comunidad).

San Alberto Hurtado entró al Noviciado en Chillán (Chile) el 14 de agosto de 1923 y el 23 de agosto (9 días después) visitó la sotana por primera vez.

En tiempos de san Juan de la Cruz, pedir el hábito de una Orden, era sinónimo de pedir el ingreso, y a él se lo dieron el mismo día que lo pidió.

  • ¿No le da vergüenza andar así…?

No, al contrario, es una gran alegría… nunca olivará este día en su vida…

Y sí, a algunos les molestará…

“La toma de hábito religioso, la imposición de la santa sotana, siempre es un gesto soberanamente polémico. Porque es marcar, incluso desde el punto de vista sensible, el hecho de que uno ha elegido a Dios como al primero a quien hay que servir”[3]. (P. Carlos Miguel Buela).

El P. Gabriel Romanelli, luego de la imposición de sotana, iba haciendo dedo el Seminario Mayor al Noviciado. Además de la alegría se le cruzaron algunas ideas de que se sentía un poco ridículo… Luego de un rato de hacer dedo, paró un auto. El hombre lo hizo acomodarse. Su aspecto era un poco extraño, daba miedo… trató de hacer apostolado, le contó de su imposición, de que había venido su familia de Buenos Aires, etc; pero el Señor… nada. Comenzó a andar más despacio (más miedo), y además tenía en la naveta una cuchilla grande. Hasta que paró y le dijo: no sé por qué lo levanté; vi a un padre y pensé ‘voy a hacer una obra buena’. Y sabe qué, en este momento yo estaba yendo a mi casa a realizar un asesinato (por infidelidad y demás)… y le prometió que no lo iba a hacer.

  • ¿No lo expone más a la gente…?

No, al contrario, es una defensa; y esto es muy fácil de comprobar solo con usarla un tiempo.

  • Entonces lo aleja de la gente…

Tampoco…, si bien es una defensa para quien quiera ver al consagrado con ojos demasiado humanos, es por otro lado un gran medio acercarse a la gente que está buscando sinceramente a Dios…

Habla Sor Lucía, a quien junto con sus primos, se le apareció la Virgen de Fátima:

“Los hábitos son el distintivo de una consagración, un resguardo del decoro y de la modestia cristiana, una defensa de la persona consagrada. Son para las personas consagradas lo mismo que el uniforme es para los soldados y los galones para un oficial: los distingue y muestra lo que son y el lugar que ocupan, obligándoles también a un comportamiento digno de la respectiva condición. Por eso, dejar el hábito religioso es retroceder; es confundirse con aquellos que no fueron llamados ni escogidos para más; es despojarse de una insignia que nos distingue y eleva; es descender a un nivel inferior, para poder vivir como aquellos que no son tanto. Las personas que un día oyeron la voz de Dios y decidieron seguir Su llamamiento a una vida de plena consagración se elevaron a un nivel superior que las distingue del común de los hermanos. Y esta distinción debe aparecer en el interior de los ojos de Dios, y reflejarse en el exterior a la vista del prójimo. Es un testimonio que debemos dar de la presencia de Cristo en nosotros, según el estado que abrazamos y el lugar que ocupamos[4]”.

Don Bosco: Cuando vistió el hábito clerical le amonestó aquella santa mujer que fue su madre: “Puedes imaginarte, hijo mío, la gran alegría que embarga mi corazón, pero, por favor, no deshonres nunca este hábito. Sería mejor que lo abandonaras”.

  • ¿Y qué opina a todo esto el que recibe la sotana?

Como me han pedido este sermón para subir a la web varios años después de haberlo predicado, puedo tomarme la licencia de comentar algo que pasó luego de la imposición. Le pregunté a Diego –quien había recibido su sotana–: “Y… ¿cómo te sentís?”, a lo que respondió: “Siento que soy yo mismo”. Nada más que agregar…

En todo tenemos que buscar la gloria de Dios…

“Y llevar la sotana con dignidad es una manera de darle gloria. Esa gloria que Él no se la da a nadie; nos da todo pero la gloria no. Por eso que nosotros sepamos ser una especie de himno viviente de alabanza al único Señor que merece ser servido. Y como me gusta recordar en cada imposición de sotana esa frase del Padre Castellani, les deseo de corazón ‘que la sotana se les haga piel’”. P. Buela

Mamá Margarita continuaba diciéndole a su hijo, San Juan Bosco:

“Cuando viniste al mundo te consagré por entero a la Virgen María; cuando comenzaste los estudios te recomendé la tierna devoción hacia Ella; ahora te encarezco que seas todo de Ella... Si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre su devoción...”

No podemos estar en mejores manos que en las de nuestra Madre; que Ella nos enseñe a llevar con dignidad, y hasta la muerte, este hábito por el cual somos revestidos del mismo Cristo.

____________________________________________________________________________________________

[1] Cf. Francisco de Asís, Florecillas.

[2] Super Sent., lib. 4 d. 38 q. 1 a. 2 qc. 3 ad 2

[3] P. Carlos Miguel Buela, homilía del 17 de mayo de 2001, Seminario María Madre del Verbo Encarnado.

[4] Sor Lucía, “Llamadas del mensaje de Fátima”. Está en un capítulo donde habla sobre cómo vivir la vida religiosa con plenitud.

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